11
Oct
09

AURELIO

  • Aurélio Disparates, antes de reclutarlo a La Cocina, lo encontramos con una compungida expresión, había perdido los mejores años de su vida intentando EL MAS DIFICIL TODAVIA en sus propias carnes.

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Este hombre mezcla de atleta e intelectual, no es un saltimbanqui cualquiera sino todo un señor artistazo y…. ¡un jodido genio!,  Natural de un villorrio de Badajoz, a muy temprana edad ya era conocido en todos los alrededores por sus hazañas vanguardistas y por su desprecio por el peligro.

Contaba sólo diez añitos cuando dejó boquiabiertos a los lugareños sacrificando a un macizo cerdo de un cabezazo para, a continuacion, subirse a un taburete y declarar que su actuación había sido una auténtica “performance“ conceptual, todo un gesto daliniano. Aquello, no hay más que decirlo fue el climax de las fiestas de su pueblo, celebraciones que habitualmente no pasaban de un pobre baile delante de la fonda amenizado por acordeón y zambomba.

Un par de años después, animado por los fastos en las fiestas de una población vecina, donde hasta se permitían el lujo de arrojar una cabra viva desde el campanario de la iglesia para que los mozalbetes del lugar se disputaran violentamente los despojos que el pobre animal dejaba esparcidos por la plaza, nuestro amigo se reveló como un titán ante sus infelices adversarios, no sólo recolectando más vísceras, pellejos y huesos que estos, sino devorándolos allí mismo en un santiamén.

Esta vez atribuyó su acto de manifiesta barbarie a un repentino arranque dadaísta, dejando traspuestos al alcalde y al médico, los únicos por allí que sabían lo que era un suplemento dominical. Habían pasado ya tres años desde este suceso, que convirtió a Aurélio en una celebridad local, cuando el Circo Fenomenal, mísera asociación circense de paso por aquellos parajes formada por un antiguo machaca de Angel Cisko y unos primos lejanos de Milikito Aragón, se interesó por sus habilidades.

Dicho y hecho: Aurélio entró a formar parte de aquel gris conjunto de payasos deprimentes y trapecistas casposos, convirtiéndose en cuestión de horas en la principal atracción de la pista…¡El Anacoreta Poeta! Sin red ni comparsas, nuestro hombre saltaba al vacío, realizaba un sin fín de acrobacias, la mayoria de estas pura abstracción posmoderna y recitaba al tiempo los lacrimosos, blandengues poemas de Holderlin y Cocteau.

Al llegar el circo a los aledaños de Torrellano para, como cada año por navidad, instalarse cerca de alguna churreria que pudiera suministrarles su diaria pitanza, corrió la voz entre la “inteligencia“ local y pronto acudian a ver el rompedor espectáculo caras tan populares como Possy de Karma, Antonio Mangueras, Alpargata Ruiz de la Braga o el Gran Huevoni. ¡La crema de la crema, señores!

Tan entusiasmados salian del recital de poesía acrobático-conceptual, tan asombrados por las al parecer infinitas habilidades del volátil y genial extremeño, que el rumor de su infalibilidad pronto llegó a oidos del banquero y “bon vivant“ Darío Ponce, a la sazón presidente de la famosa entidad bancaria Funesto. Los esbirros de Ponce, quien había llevado a Funesto a un callejón sin salida financiero, contactaron con el singular artista para que éste (que, además de volar y soltar ripios, había probado su capacidad para leer el futuro y hablar sin móvil con gente a centenares de kilómetros….siempre que hubiera alguna pesetilla de por medio) intentara tapar el soberano agujero monetario que el tren de vida disipado de Ponce había provodado en la afamada entidad financiera.

Aquello fue el final tanto de Ponce como del rapsoda volador. ¡Así le quedo la cara al infeliz Aurélio al intentar tapar lo que otros tan felizmente habían agujereado! Acabó en un hospital de la Seguridad Social, para reponerse internado hasta que mejore del trauma.

Nosotros, siempre atentos al discurrir de las Bellas Artes, llevábamos tiempo siguiendo su ejemplar carrera a través de nuestros doctos cazadores de fichajes. Y al saber de su desgracia, decidimos hacerle más comoda su convalecencia, remitiendole unas fotos y un fajo de poemas pergeñados en la barraca de fiestas, justo antes de salir a la Despertá, con una atroz resaca. El, no se pudo reprimir y la empatia fue inmediata, lo acogimos en nuestro seno para el resto de los restos…


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